La aurora de mi existencia, el día en el que empecé a vivir fue cuando me viste por primera vez con esos ojos tan inocentes y tan hermosos. Supe en este instante que los momentos de mi vida se habían sucedido solo para llevarme hasta ti.
Te tuve en mis brazos y tú dormías, acaricie tus suaves mejillas y cuide tu sueño. Los te amo eran mi idioma para ti, y los te espere toda la vida mi plegaria hacia el Dios que te trajo a mí.
Y jamás, fui y seré tan feliz como entonces.
Los pocos atardeceres se sucedían, las horas pasaban sin que nos diéramos cuenta. Aquella sala se convirtió en nuestro hogar y en el único que conociste.
Me acercaba y te susurraba "Soy papá", esperando que volvieras e iluminaras mi vida.
Un lunes de junio, en un suspiro te despediste de nosotros. Me quede ahí, sintiéndome el más desdichado hombre del mundo. Dicen que los hombres no lloran, yo me acerque y entre lágrimas puse un beso en tu frente. Me despedí de ti, agradeciéndote el haberme dado la dicha de ser padre. Te quiero, hija.



0 Visiones:
Publicar un comentario