La television no la dejaban escuchar los gritos de su marido, la jarrilla empezo a silvar y el maldito refrigerador ya estaba de nuevo con el mismo ruido de la semana anterior.
"Habra que pagar para repararla" pensó mientras continuaba partiendo los tomates.
-Acaso estas sorda- le dijo su marido apagando el televisor -Llevo dos minutos dandote la solucion para nuestra pobreza.
Sin dejar de partir las verduras le dirigio al hombre una mirada desconfiada -¿Y cual es el el mas reciente plan?
-Compramos unos billetes de loteria.
La vieja rio, le faltaban algunos dientes y no habia reido sinceramente desde hacia mucho, aun asi no le quitaba la expresion mezquina que tenia en el rostro.
-Esa es la ultima idea en una serie de ideas de mierda- de repente se puso seria y dejando el cuchillo por un lado -Como si fueramos los unicos que compraramos los estupidos papelitos.
Su marido no se inmuto, estaba acostumbrado a su mal humor, y el plan completo aun no lo conocia ella.
-Pero esta vez sera diferente, antes de comprar los boletos le preguntamos a la chica del segundo, y sabes que ella conoce el futuro.
La poca sonrisa de la vieja se convirtio en una mueca de desprecio, no le agradaba la idea.
-Si conoce tan bien el futuro porque nunca sabe cuando pagara la renta, eres un tonto, te dicen cualquier estupidez y te la crees.
Antes de que pudiera seguir cortando escucho pasos en las escaleras, era la mujer del segundo y esta vez no se le escaparia. Le debia un mes de renta y hacia dos semanas que venia pidiendole tiempo para pagarle.
-Esta vez no se me escapa.
Raquel subia las escaleras pesadamente, no habia sido su dìa.
Odiaba aquel lugar en el que vivia pero siendo una huerfana no podia darse el lujo de mas, odiaba a los caseros y con sus vecinos nunca hablaba. Ademas en su trabajo casi la despedian porque pocas veces cumplia con las fechas limites y habia cierta "rareza" sobre ella que su jefe no soportaba, pensaba en mandarlo al diablo cuando una voz conocida y odiada la detuvo a dos pasos de su puerta.
-¿Vas a pagarme o tendre que darte otra semana?
Suspiro irritada mientras se volteaba y le daba la cara a la despreciable vieja.
-Si, señora. Mas tarde ire al banco y tendra su dinero.
-Mas te vale porque no creas que manejamos una caridad mi marido y yo, jamas les falta nada y se atreven a no pagar a tiempo, y eso que una habitacion en esta parte de la ciudad y por lo que cobramos es una ganga...
Raquel la interrumpio diciendole que en pocas horas recibiria su dinero, que tuviera dos horas mas de paciencia.
-Mas te vale- le espeto.
La llave entro a la cerradura pero aun no se escuchaban sus pasos alejandose, al voltearse la vio de pie en el mismo lugar, en los ojos leyo sus intenciones.
-El numero de esta semana es 4407.
La vieja fingio una sonrisa de desentendimiento y se dio la vuelta.
-Dos horas, ni un minuto mas.
Raquel entro sonriendo, sabia que no llegaria ni a la hora y media. Odiaba su don pero a veces le gustaba estar prevenida ante ciertas cosas. Dejando su bolsa en el suelo se lanzo a la cama decidida a dormir el resto de la tarde.
El Sol le lastimo los ojos al abrirlos, la boca le sabia a ceniza y tenia mas sed que nunca. Le dolia todo el cuerpo y la parte conciente de su mente solo hacia una pregunta "¿Como carajos vine a parar a este callejon?"
Estaba tirado entre dos botes de basura y apenas lo cubria la camisa que llevaba, intento recordar que hacia antes de perder el conocimiento pero solo habia oscuridad en su memoria.
Se levanto y cuando estuvo de pie apenas pudo resistir el mareo y las ganas de vomitar, hacia mucho calor pero se empujo a saber en donde estaba.
Dejo el callejon y al salir a la calle principal la gente empezo a alejarse de èl, se reclino en una pared y empezo a caminar.
-Vamos, Ernesto, vamos- se decia mientras se sentia mejorado a cada minuto que pasaba, se palpo los bolsillos, su billetera no estaba y no tenia mas dinero.
-Ha de haber sido una gran fiesta- se dijo sonriendo mientras caminaba a rastras por el centro de la ciudad.
La despertaron los toquidos incesantes en su puerta, se levanto y se dirigio a la puerta rascandose la cabeza. Al abrirla le sorprendio encontrarse de frente a un oficial de policia.
-Señorita, ¿puedo hacerle unas preguntas?.
Mientras intentaba desesperezarse se pregunto si tenia algo que ver con su vision. Le asintio con la cabeza.
-¿No escucho el disparos?
La pregunta termino despertandola por completo.
-¿Disparos?
La hora de la loteria llego, y ambos ancianos estaban sentados frente al televisor mientras una voluptuosa modelo decia los numeros ganadores. Ambos se quedaron asombrados de ver que tenian el numero ganador y que era el 4407.
La anciana acepto que Raquel era especial y quien bien podia perdonarle una semana mas de renta o que se podria quedar con el viejo edificio, la habia hecho rica.
El viejo sostuvo el boleto incredulo, solo habia salido a comprarlo hasta que su esposa acepto que era una brillante idea y le dijo que intuia cual era el numero ganador y ahora tenia millones en sus manos, solo para èl.
-¿Sabia usted si sus caseros tenian algun problema?
-No.
Despues de celebrar durante varios minutos, de gritar a los cuatro vientos que nada mas los volveria a molestar y que bien podrian incendiar todas sus pertenencias, hubo un desacuerdo, la vieja desconfianza.
Ella le dijo que el premio le pertenecia pues habia sido el numero que ella eligio, èl dijo que la idea era toda suya y que el numero habia sido una casualidad.
Un insulto llevo a los empujones, y los empujones a que el anciano sacara su viejo rifle que usaba para defenderse cuando tenia un almacen.
-Seras hijo de puta, yo te di mi vida, te di todo, es mi dinero...
-¿No escucho el disparo o algun grito?
-No, no escuche nada.
Al ver a su esposa muerta y sabiendo que todo el edificio lo habia escuchado, se acerco a su sillon favorito. Se sento comodamente dejando un espacio entre èl y el viejo televisor. Movio su cuerpo hacia adelante para acomodar su menton sobre el cañon del rifle. Lastima, era tanto dinero.
-Hable con ellos sobre mi renta, no los conocia en verdad.
El oficial cerro la puerta tras de si, despues de agradecerle su tiempo y sus palabras.
Raquel se acerco a su cama, esa era su maldicion. La odiaba, sabia que los viejos se matarian entre ellos, recordo cada momento tras cada pregunta del policia y se odio. Odiaba que la aquejaran visiones de muerte y sufrimiento.
Al sentarse en la cama, tuvo una jaqueca repentina a la que siguio una vision especialmente violenta, por primera vez en mucho tiempo, una vision la asustaba.
No podia dejar que esa persona muriera de esa manera, lo evitaria. Sin saber como, pero lo evitaria.
Tomo su bolso y salio corriendo.
Continuara...



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