16 de febrero de 2011

Perla de Oriente: Capitulo I


La señora Emma fallecio hoy.
Murió en silencio y sin gran ceremonia, se fue a dormir y no despertó más. Tuvo suerte al no sentir cuando la vida se le escapo en un respiro.
La encontré boca arriba y con su largo cabello blanco sobre sus hombros, su rostro demostraba descanso y sus ojos estaban entreabiertos, esos ojos verdes que muchas veces me miraron con candor ahora me veían desde el abismo de la muerte.

Pero no escribo sobre la muerte de la señora Emma, sino sobre su vida. Una vida que en este instante esta ante mi en forma de diarios, de fotografias y viejos recortes de periodicos. Y aunque fue una anciana particular y que hablaba con pocos puedo decir que era mi amiga y que la extrañare.

Emma llego a Santa Andrea cuando apenas contaba con diecinueve años, escucho que era una ciudad en crecimiento y que ahi alcanzaria fortuna pues todos los que iban regresaban enriquecidos. Se despidio de su madre en medio de lagrimas y buenos consejos, su padre la abrazo y lamento que su hija mayor se embarcara antes de conseguir un esposo, fingio que la idea no le agradaba pero siempre supo que su hija estaba hecha para algo mas que la vida de aldea. Ambos se convirtieron en puntos irreconocibles en un muelle que movian los brazos diciendole adios, jamas los volveria a ver.
El viaje en barco, que al principio parecia una aventura, pronto se convirtio en una pesadilla pues ademas de los mareos habia que sumar la supersticion de los marinos que pensaban que llevar mujeres era de mala suerte pero que no disimulaban las miradas lujuriosas que dirigian a las pasajeras.


-Santa Andrea, ¿sabias que esta nombrada en honor a una niña?, en serio no miento.
La que hablaba era Catalina, quien era una de las ocho jovenes que compartia el cuarto con Emma pero era tambien la que mas hablaba, incluso cuando todas querian dormir.
-Dicen que la niña obraba milagros y que dijo que en ese lugar debia de ser erigido un pueblo que con el tiempo se transformaria en una rica ciudad y ya ves, tenia razon.
-¿y que paso con la niña?- pregunto una de las jovenes mientras se acostaba. Catalina se rio mostrando un diente de oro del que estaba muy orgullosa.
-No se, seguro que hizo un milagro y se murio. ¿Eso hacen los santos o no?
Emma disfrutaba estar en compañia de Catalina y durante los días del viaje la hizo olvidar la melancolia por estar lejos de casa.

-Y tu, ¿a que vas a Santa Andrea?- le pregunto un día que Emma estaba observando el horizonte.
-Voy a trabajar para regresar y comprarle una casa mas grande a mis padres.
-En el viejo continente tambien se puede trabajar pero atravesar el mar para ser sirvienta o cocinera es un sacrificio muy grande- Emma sabia que su compañera no le creia pues su mirada era intrigante.
-Quiero ser cantante, y si Santa Andrea es la tierra de oportunidades que dicen, no se, talvez logre fama y fortuna.
Catalina sonrio ante la ingenuidad de la joven, ella era una mujer mayor, mas vivida y conocia muchas realidades que Emma desconocia.
-Ay, niña. Si eres mujer y vas a trabajar a Santa Andrea, de puta o de mula de carga.
Emma sonrio, de pronto no estaba segura si disfrutaba la compañia de esa mujer.


Aunque los consejos subidos de tono de Catalina aun la hacian sonrojarse por las noches, no podia evitar sentir la soledad y el hastio de ver solo oceano durante días. Se pasaba el dia observando la actividad a bordo y preguntando todo lo que podia. Cuando se encontraba sola en el camarote solia cantar en voz baja, cantaba una cancion que su padre le enseño para que no olvidara su hogar, ni a su familia.
Pero el hastio de convirtio en jubilo a la vista de tierra, primero como una mancha oscura en la lejania del horizonte y apenas observable pero con el pasar de las horas se definia mas y la actividad abordo se hacia mas obvia, menos silencio y mas gritos de impaciencia. Despues de unas horas aparecio Santa Andrea.


En ese entonces era mas una pequeña ciudad y nadie imaginaba en la metropolis en la que se convertiria. Era una coleccion de calles las cuales tenian pequeños edificios de ladrillo de tres hasta cinco pisos y casas que poco a poco desaparecerian del area comercial de la ciudad.
El muelle era solo una primitiva construccion en madera que solo recibia un barco a la vez y en la cual muchas veces daba miedo caminar. Desde la nave se podia ver la actividad del muelle y muchas personas ofreciendo animales y gritando su precio a voz en pecho.
Emma se encontro saludando a la multitud, agitaba las manos con felicidad y se reia al saber que nadie la conocia. Catalina junto a ella le lanzaba besos a la nada, y tambien se reia pero de la expresion de las esposas de los hombres que sutilmente le devolvian el saludo.
-Niña, bienvenida a la gran ciudad- le susuro a Emma justo antes de que la nave atracara.


Al descender de la embarcacion, al pisar tierra Emma se sintio como una extranjera de inmediato, como una completa campesina en medio de tanta actividad. Sonreia y decia no a los vendedores que se le acercaban, escucho como dos hombres discutian en un idioma que no entendio pero supo que no terminaria bien.
Catalina se acerco a ella y la abrazo. Se habia puesto sus mejores galas y Emma se dio cuenta que no trabajaria de mula de carga.
-Cuidate, niña. Seguro que nos veremos por ahi y no te olvides de mi.
Emma le devolvio el abrazo, y le dijo que no se preocupara, que ella andaria por ahi y que aunque quisiera no la olvidaria. Catalina se alejo y detras de ella un hombre que la llamaba a gritos.


Nuevamente se encontro sola y sin conocer a nadie. Saco una hoja de papel con una direccion y se encamino hacia la ciudad.
A sus ojos la ciudad era enorme y le sorprendio dar con la direccion de forma tan sencilla. Se encontro ante un edificio de ladrillo de dos pisos que parecia extremadamente sucio. Sin mucha confianza entro en el.
La recepcion que se encontraba frente a la puerta principal la hicieron suponer que era un hotel y aunque la luz era muy fuerte en la calle dentro del edificio todo tenia una penumbra pesimista. El polvo se levantaba con el viento que entraba y se ensucio la mano al tocar el pequeño timbre que se encontraba sobre el escritorio de recepcion.

-Voy- le grito una voz de hombre. Emma espero pacientemente de pie mientras escuchaba murmullos y cosas que caian al suelo.
Un pequeño hombre casi calvo aparecio en el umbral de la puerta, de anchas cejas y nariz puntiaguda, en una palabra el hombre era feo. Abrio la boca y hablo con una voz grave.
-¿Que quieres?
Emma se quedo pasmada durante un segundo.
-Busco a Abigail Moscotto.
El hombre parecio buscar en su memoria el nombre que le decian.
-¿Abigail Moscotto?-entrecerrando los parpados al ver a Emma quien contesto afirmativamente.
-Si, la busco a ella. ¿Sabe donde esta?
-Esta muerta, a la pobre la despacho una neumonia que le duro dos semanas.
Emma intento no sorprenderse ante la noticia de la muerte de su madrina, ella le habia dado la idea de vivir en Santa Andrea y trabajar de costurera como ella.
-Pero, me escribio y me dijo que tenia un trabajo para mi.
El hombre salio detras del escritorio, no le quitaba los ojos de encima.
-No se nada sobre trabajo y no le gustaba hablar conmigo. Ay, pobre Abigail...
A Emma no le importaba lo que el hombre tenia que decirle de su madrina, de pronro se encontraba sin futuro, sin trabajo y sin donde vivir.
-Y, ¿que sabes hacer?- le pregunto el calvo despues de lamentarse de la forma en que trato a la difunta.
-Un poco de todo. Se limpiar, se cocer y me han dicho que no cocino nada mal.
El hombre murmuro unos segundos, levanto la mano y extendiendo un largo dedo indice le indico un sillon que estaba cubierto con una sabana blanca.
-Sientate ahi y esperame.


Lo espero casi una hora y casi se queda dormida mas de una vez. Unos pasos la sacaron de su letargo y llamo su atencion el sonido de los tacones sobre el piso de madera.
El hombre aparecio acompañado de una mujer que contrastaba con el inmobilario de aquel hotel, estaba vestida de negro y tenia un hermoso collar de perlas que competian con la blancura de su piel, sus labios eran gruesos y estaban pintados de un rojo carmesi profundo. Todo en esa mujer inspiraba respeto y un poco de miedo.
-Esteban me ha dicho que buscas trabajo y que buscabas a la pobre de Abigail- dio un largo suspiro -Pero me gusta hablar con la gente cara a cara, dime ¿de donde eres y que quieres?.
Emma se sorprendio ante la franqueza de la mujer pero empezo por narrarle de donde venia y que buscaba en Santa Andrea, la elegante mujer sonrio al final de la narracion.
-Tres cosas busco en la gente que trabaja para mi: Honestidad, Confianza y silencio. Si crees que eres capaz de cumplir con estas tres simples exigencias, Esteban podra mostrarte donde dormiras y te explicara tu trabajo.
Emma respondio que si, que seria un honor trabajar para ella.
La mujer la miro directo a los ojos y haciendo un ademan con la cabeza se retiro. El sonido de sus tacones y el arona de su perfume anunciaban que ella se alejaba.
-Ven conmigo- le dijo Esteban mientras se dirigia a las escaleras.


Cuando cerro la puerta de su pequeña habitacion y pudo por primera vez en semanas descansar sobre una cama de verdad, Emma penso que su suerte habia cambiado radicalmente, encontro trabajo y no parecia dificil. Solo tenia que mantener la boca cerrada y pronto podria volver para darse una gran vida.
Empezo a soñar con riqueza, con fama, que no se dio cuenta cuando cerro los ojos y se quedo dormida.


Continuara...



3 Visiones:

Miguel Angel (EliÁdan) dijo...

muy bueno la inspiracion volvio a vos y de buena mano segui adelante

Lorena Arismendy dijo...

Excelente Kevin, no puedo esperar para leer mas :)

J. BRUNO dijo...

Visite mi blog! Gracias!
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