martes 26 de mayo de 2009

Abandonados: Parte II




Le costaba respirar y sentía que el frio la rodeaba, podía ver el Sol ocultándose en el horizonte y algo dentro de ella tuvo miedo. La vida se le iba en sangre, hacia varias horas que sangraba y la herida no se detenía, tres horas habían pasado desde que los abandonaran.

Diego estaba junto a ella y también sintió el viento frio que anunciaba la noche, la oscuridad se cerniría sobre ellos y no sabia que hacer ahora que Andrea estaba herida.

Después que Andrea le confeso que estaba embarazada la caminata se reanudo bajo el ardiente Sol del medio día, iban sin decirse nada y ni siquiera las miradas que compartían existían ya. Diego iba pensativo y muy silencioso, solo veía el camino y avanzaba a paso rápido.

Andrea caminaba tranquila y al lado de su esposo, sabia que cuando actuaba de manera taciturna era por que algo le molestaba, algo que lo hacia considerar todas las opciones.


Diego se acerco y encendió la lámpara que llevaba en la mochila, el coyote les habría prohibido usarla pero hacia muchas horas que había huido, la luz le dio de lleno a Andrea en los ojos quien los entrecerró protegiéndose, se sintió más confiada cuando pudo adivinar la silueta de Diego que se acercaba a ella.

-Estarás bien-le dijo cuando comenzó a palpar su vientre, buscando la manera de detener el sangrado.

Ella no respondió.

Tres horas antes el coyote había decidido que no avanzarían mas, “es muy peligroso” dijo con su misteriosa voz mientras se alejaba a una sombra cercana. Diego saco su botella de agua y se alejo unos metros para meditar sobre la situación en la que se hallaba.

Ante él solo se extendía el desconocido e intimidante desierto, de haber sabido que estaba embarazada jamás la hubiera traído, pensó mientras el agua, caliente y desagradable, le bajaba por la garganta, estuvo meditando hasta que un grito, que reconoció como el de su esposa lo saco de su ensimismamiento y lo hizo correr.


La negrura de la noche los cubría, y el frio comenzaba a afectarlos, ambos temblaban pero Diego le puso toda la ropa que encontró encima a ella, la sangre aun no se detenía.

-Ya se esta deteniendo- le mintió y sin verla a los ojos.

-Solo siento frio- le contesto ella a través de sus labios secos, sus manos se intentaban sostenerse el vientre, tenia miedo por su bebe, aquel que sin haber nacido ya corría peligro de morir –Tengo miedo.

Diego le acerco la botella de agua a los labios y le acaricio la frente.


Un grupo de hombres armados les apuntaban a los indocumentados, todo el grupo tenía las manos en alto e incluso los hombres mas experiencia temblaban, ninguno albergaba la esperanza de salir con vida.

-Ahora solo quiero que me den lo que traigan y que caminen sin detenerse hasta que alguna patrulla los recoja- dijo el coyote que se encontraba en el centro de los hombres armados y era el único que no sostenía un arma. El grupo comenzó a desprenderse de los únicos y pocos dólares que los acompañarían una vez que cruzaran la frontera. Diego vio a Carlos, el guatemalteco, desprenderse de una medalla de oro que tenía la imagen de una virgen, no le vio los ojos pero adivino que los tenía humedecidos. Los indocumentados le dieron la espalda a los hombres y comenzaron a caminar, Diego sujeto a Andrea del brazo pero las palabras que sonaron a su espalda los dejo congelados a ambos.

-Tu no- dijo el coyote señalando a Andrea.


Se encontraba cada vez mas en un estado de inconsciencia, miraba a Diego en una posición y segundos después lo miraba en otra, el agua que pasaba por su garganta ya no le daba ningún alivio y sentía que poco a poco la negrura era lo único que la rodeaba. Él sostenía la lámpara sin alejarse de ella, veía la tierra que había cambiado de color y sentía que el miedo le atravesaba la espina.

-¡Ayuda!- sintiendo que le gritaba a la nada.

-¡Alguien ayúdenos!- repitió el llamado de auxilio varias veces mas, perdiendo la esperanza a medida que se quedaba sin voz.


Cuando se dieron la vuelta, el coyote era el único que estaba frente a ellos, sus compañeros corrían levantando polvo en la distancia, un arma 9 milímetros era con lo que los amenazaban.

-Bonita, quiero que te vengas conmigo- dijo con lascivia en la vos. No lo habían oído decir mas que unas pocas palabras, pero ahora que lo que escuchaban podían sentir la maldad de su voz. Ninguno de los dos se movió.

Se acerco lentamente y apunto a Diego.

–Tu, quiero que te largues.

Él no se movió, el arma se acercaba peligrosamente a su pecho y sabia que el hombre no dudaría en matarlo, pero no dejaría sola a su mujer, aunque lo matasen encontraría la muerte junto a ella.

El coyote se acerco y le coloco el arma en el lado izquierdo del cuello, Diego sintió el frio del arma y vio que el hombre no tenía dudas, quiso ver a Andrea pero ella ya no se encontraba a su lado.


-La noche no puede ser tan larga, y seguro que los demás tarde o temprano vendrán por nosotros- le dijo mientras le examinaba la herida que ya no sangraba tanto

–Veras que así será, dejaremos este desierto y nos encontraremos muy pronto en la ciudad de la que te hable, donde viviremos y pensaremos en esto como algo que nunca nos paso.

Su voz le sonaba a ella como un eco lejano pero sabia de lo que hablaba, habían pasado muchas noches en vela planeando lo que harían una vez que pisaran suelo estadounidense, las esperanzas que tenían, el dinero que ganarían, los hijos que tendrían, contemplaban el sueño americano como algo tangible, algo que estaba a su alcance.

-Ya veras, la ciudad de los vientos nos espera- fue lo ultimo que le escucho decir antes de caer una vez mas en la inconsciencia.


Horas después mientras acompañaba a su esposa que se desangraba Diego aun no comprendía como podía ser que ninguno de los dos estuviera muerto. Andrea sujeto el brazo del coyote que presiono el gatillo y además de dejar sordo a Diego no le había causado ningún daño.

La fuerza de su atacante era mayor que la de ella, podía sentir que el tipo se soltaba cada vez más de sus manos, podía escuchar su respiración y sentir su aroma. Cuando su esposo se acerco a ayudarla fue cuando ella sintió el metal del arma, a diferencia de Diego ella sintió que el arma estaba caliente, sintió su forma y sintió el poder que transmitía, el brazo del hombre comenzó a subir soltándose de ella, una mano la golpeo e hizo que se alejara, el brillo del Sol la encegueció unos segundos antes de ver el brazo levantado, el dedo en el gatillo y el sonido del arma activándose.

No lo sintió de inmediato, y durante una fracción de segundo pensó que había fallado, pero no duro mucho. No sintió mas fuerza en las piernas y se derrumbo, una nube de polvo se levanto mientras el malhechor huía. Nunca comprendió por que corría.


El Sol finalmente comenzó a aparecer, primero como un rumor de luces y lentamente comenzó a aparecer en todo su esplendor, sus rayos comenzaron a calentar la piel de Diego quien sintió que la esperanza comenzaba a nacer en su interior.



Ya no salia sangre de la herida, ahora estaba realmente palida y hacia muchos minutos que habia dejado de hablarle, él se acerco y le retiro el cabello del rostro, el agua estaba por terminarse y ella casi la habia bebido toda. Ahora no se movia y no hablaba, parecia que la vida se le habia escapado en sangre.
Paso sus manos por debajo de ella y al levantarla pudo sentir lo liviana que era, sus ojos permanecian cerrados y su boca seguia sin moverse, unas gotas de sangre sin secar le cayeron en los brazos, la esperanza no lo abandonaba y el Sol comenzaba a ocultarse en el horizonte.

La sombra de Diego se extiende a varios metros delante de él, va caminando lentamente y con la mujer que ama en los brazos, el Sol lo cega pero sigue caminando sin detenerse, va en busca del sueño que vino a buscar, ambos lo habian soñado y esperado, no importaba, ambos lo alcanzarian juntos.



FIN

3 Mensajes/Comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Kevin, pues que decir, afortunadamente son historias que yo solo las he escuchado de algunos migrantes que han vuelto y cada vez que escucho una, que ya son muchas, me convenzo más que no vale la pena arriesgar tanto por tan poco o nada, lamentablemente el mismo sistema que te menosprecia te obliga a recurrir a este tipo de riesgos, las misma política neoliberal que te desplaza del país desvalorandote, te atrae y necesita de esa fuerza de trabajo que explota, y lamentablemente es cíclica iniciándose desde la conquista, que no es mas que eso en diferentes formas, un poeta dijo alguna vez... y q putas hacemos en la tierra, si no podemos florecer....qué putas nos hace el sistema...
Israel Guerra

Afrodita dijo...

Hola Kevin com ya te comente te felicito por el relato, me gusto mucho. Sigue escribiendo

Abrazos

pablo Lopez dijo...

palanteee esperaremos el proximo...