
El sudor frio bajaba de su rostro y sentia como el viento que soplaba en su contra se hacia mas frio al chocar contra su cara, el calor del fuego de las calles y de la violencia, el humo que no lo dejaba ver y las armas que los esperaban a pocos metros para matarlos.
La primera rafaga la sintieron como aire, con el rabillo del ojo pudieron ver las chispas de las balas golpeando contra el asfalto de la calle, él sujeto mas fuerte su mano y los pies de ambos no se detuvieron.
Los IMI Galil los siguieron por la calle escupiendo fuego y ensordeciendolos con el impacto de su grito, los soldados solo veian sus pies y sus ropas moviendose pero tambien a ellos el humo les impedia ver con claridad, disparaban a lo que se movia sin concentrarse y traicionando lo que les habian enseñado. Ana y Julio no se detuvieron y alcanzaron a refugiarse en un autobus que habia sido abandonado y que aun no se estaba incendiando, comenzaron a toser y se soltaron la mano para taparse la boca y no delatarse con el sonido.
-Crees que...-iba a preguntar Ana cuando la ventana del bus a pocos centimetros de su cabeza exploto en mil fragmentos haciendo que gritara y sintiera salir la sangre de su cabeza, que el mundo se convirtiera en un murmullo y que el terror la embargara. Julio la tomo del brazo y siguio corriendo, no queria ver el rostro de ella, no lo queria ver ensangretado y aunque sabia que estaba sufriendo no se detendria; detras de ellos quedo el estropicio del infierno y el grito de las armas se apago cuando cruzaron la esquina.
Aguirre estaba empapado en su propia sangre, no sentia dolor pero sabia que la vida se le escapaba por la herida, el calor le llegaba y aunque esperaba escuchar la noticia de la muerte de Julio y Ana se desmayo antes de escuchar del fracaso de sus hombres.
La sangre le habia impedido ver y no se atrevia a decirle que estaba herida, que habia sentido el sabor de su sangre y que temia morir o retrasarlo. Sentia el calor de su sangre en el cuello pero esta habia dejado de correr solo minutos antes que se detuvieran una vez más.
-Que haremos?, a donde huiremos?-pregunto Ana cuando pudieron detenerse y se aseguraron que nadie los seguia, las calles se iban quedando vacias a medida que se alejaban del centro y Santa Ana parecia una ciudad muerta y abandonada.
-En Puerto Viejo nos encontrarian y seguir ese camino a pie seria un suicidio, todo esta detenido en la ciudad y si queremos huir lo que tenemos que hacer primero es ocultarnos-explico Julio respirando profundamente y lamentando cada cigarrillo que fumo mientras discutia a los viejos filosofos y sociologos en las lejanas noches en el club.
-¿Ocultarnos? ¿como ratas?, no puedes estar hablando en serio porque si hacemos eso nada habra valido la pena y a los que dejamos atras habran muerto por nada.
-Y que quieres hacer eh? Caminar de regreso para que nos asesinen y exhiban nuestros cuerpos como escarmiento para el que lo intente otras vez?, los demas no murieron por nada pero dejandonos matar dejaremos que se extinga el mensaje que queriamos mandar -Julio se coloco frente a ella acercando su rostro y bajando la voz -Ademas eres demasiado importante como para que te abandone; si tu mueres toda la revolucion, para mi, se va a la mierda.
Se dio cuenta que ella estaba asustada e intento abrazarla pero ella giro hacia la derecha y le dio la espalda -Te das cuenta que hace pocas horas murieron siete de nuestros amigos, y tu haces que parezca tan insignificante o como que no te importara-Ana hablaba mientras la voz se le rompia tras cada palabra -Es como que ya no quisieras luchar.
Julio la miraba fijamente y escucho cada reproche y cada palabra con estoicismo, no reacciono y sus ojos miraban al suelo, planeando y organizando sus pensamientos.
-Vamos, los muelles estan cerca y no se detendran, nunca lo hacen.
Poco a poco el orden regresaba a Santa Andrea, los saqueos continuaban pero la policia invadio las calles en gran numero, iban protegidos y llevaban ordenes de no permitir ningun tipo de abuso. La avenida Arismendi aun estaba llena de humo, los primeros pisos de los edificios ardian y la riqueza, el lujo de la ciudad se convertia en ceniza. Automoviles en llamas detenian el paso y y bombas molotov explotaban al paso de las autoridades que seguian avanzando inexorablemente hacia la multitud
La noticia de la toma de la mansion del general se expandio de barrio en barrio y llego finalmente a los barrios marginales y a oidos de los criminales, les importaba un carajo quien estaba sentado en la silla del mandamás, seria una oportunidad perfecta de robar y no pagar tributo a ninguna de las familias, la ciudad se convirtio rapidamente en un caos.
Cuando la policia se acerco a menos de cinco metros vieron venir hacia ellos una estampida humana, muchos armados con vidrios o con lo que habian encontrado en la calle y otros armados solo con los puños, y muchos más huian sabiendo que el final estaba cerca.
Ahora no corrian de la mano, casi caminaban pero separados. Las horas habian pasado y aun podian sentir el horror de la muerte que los rodeaba, tenian recuerdos de sus amigos mientras morian y el silencio de las calles era reemplazado por los gritos violentos de Hugo y de la explosion que se los llevo a todos.
Las calles bajo sus pies se les hicieron cortas y pronto llegaron a los muelles de la ciudad, ninguno de los dos hablaba y solo el latir de sus corazones rompia el silencio. habia cierta suciedad en aquel lugar que era una antitesis de toda la ciudad, sintieron como si hubieran abandonado Santa Andrea dejando atras la violencia y su historia.
Entraron en la bodega numero 7, infame años despues gracias a Oscar Sandoval y su banda, estaba llena y habian muchos lugares donde esconderse, escuchan solo sus jadeos y olian solo su propio miedo. No habian hablado y apenas se habian mirado. Las heridas de Ana habian dejado de sangrar y solo quedaban las lineas que habia marcado la sangre en su rostro y cuello, Julio se acerco y la acaricio -¿Estas bien?- le pregunto y ella solo asintio con la cabeza.
Pasaron varios minutos hasta que encontraron un lugar donde podian esconderse, era un grupo de cajas que dejaban un pequeño espacio en el medio, todas de madera y el espacio no mayor a tres metros por dos, la entrada era dificil y casi no se podia ver. El la sujeto y le ayudo a esconderse, al tocar el suelo y poder estirar un poco las piernas Ana noto que la luz casi no entraba en su escondite, se hizo a un lado cuando él entro. Apenas cabian pero se sentian seguros.
-Aca estaremos a salvo hasta que podamos huir- Julio hablaba en susurros y apenas distinguia el rostro de ella, Ana se acerco y el la abrazo
-¿Ha valido la pena, todo esto?-
-Cada minuto.
Casi se habian quedado dormidos cuando escucharon que la puerta de la bodega se abria, escucharon rumores de voces, no se movieron, esperando a que se alejaran pero un disparo los hizo salir de su letargo, aun los estaban buscando. Julio solto a Ana y se acerco para poder escuchar mejor, varias voces se acercaban.
-Le digo que si, alguien entro aqui hace como dos horas, aunque no creo que esten aqui.
-Los vieron corriendo por toda la ciudad, le dispararon a un oficial ademas no pudieron llegar lejos, la mujer esta herida.
Escucho el paso de las botas sobre el suelo y casi los sintio acercarse.
Volvio a la oscuridad y sintio las manos de ella buscandole, habia abandonado a sus amigos y los habia visto morir, corrio por toda la ciudad intentando escapar de todo lo que ya lo habia encontrado, todo por amor. Escucho la respiracion de ella y lo supo, para que todo valiera la pena ella tenia que huir.
-Quedate aqui- dijo en medio de la oscuridad la voz de Julio, sentia las manos de Ana en su brazo, retiro el brazo y la vio a los ojos, sintio ahogarse en ellos y encontro el valor, salvar a esa mujer era toda su vida, la amaba -Huye tu, yo me quedo.
Ana no podia distinguir nada, estirando los brazos alcanzo el rostro amado, lo sostuvo un segundo y sabia que no podia hacer nada para detenerlo -Te amo- le dijo mientras aun sentia los labios de él contra los suyos, en la oscuridad solo quedo su escencia.
Vio el verde del uniforme de los soldados y el mierdo que sintio frente a Aguirre lo abandono, sintio el arma entre los dedos que ya no sudaban, sus rodillas estaban quietas y apenas se movia; desde donde estaba podia matarlos pero no lo haria, no se igualaria a ellos. Camino lentamente, despues de arrojar el arma, hacia donde se encontraban sus enemigos. Cada paso que daba lo alejaba mas de Ana quien no salio de su mente ni cuando escucho que se acercaban.
-Detente o disparo- le grito uno de los soldados apuntandole con el IMI Galil, si Julio se movia una rafaga perforaria su espalda, no se movio.
Se acercaron a él y lo registraron -No encontraras un arma, el pueblo...- un culatazo del rifle lo hizo callar, sintio el metalico sabor de la sangre y escupio dos dientes -Al suelo, maldito comunista.
Ana escondida en su pequeño escondite escuchaba los gritos de los soldados, sufria con cada uno pero la tranquilizaba no escuchar ningun disparon, le hacia sentir que seguia vivo. Apenas respiraba y las lagrimas le caian por las mejillas, de pronto el silencio.
-Y tu zorra?- le preguntaron entre risas mientras lo arrastraban por el camino, distinguia las piedras de la vieja calle que manchaba con su sangre, apenas podia ver pero sabia que el Sol se estaba ocultando -Murio, le dispararon mientras escapabamos- era dificil entenderle pues tenia la boca ensangrentada. Al escuchar de la muerte de Ana todos se echaron a reir "una menos" decian.
Lo subieron a un auto y lo regresaron a la ciudad.
Apenas podia sostenerse sobre sus piernas, lo empujaron y lo sentaron, una luz le dio en la cara y supo que no saldria vivo de ahi, estaba en manos de sus enemigos, no dejo de pensar en ningun momento en Ana, la sentia junto a él y asi enfrentaria la muerte, sin miedo.
-Llamen a Aguirre, diganle que atrapamos a uno vivo.
Fin de la primera parte.





